Real Madrid acaba con otro invicto del Barcelona

Real Madrid acaba con otro invicto del Barcelona

El Real Madrid emuló al PSG y le quitó al Barcelona otro invicto en la actual campaña, el de LaLiga, con un triunfo impensado en el Camp Nou

25 octubre 2026
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En el marco de una fecha en la que los restantes nueve cotejos quedan postergados al plano de lo accesorio dentro del certamen hispano, se disputó una nueva edición del clásico del fútbol español. El Barcelona ejerció como anfitrión en el césped del Camp Nou frente a su más encarnizado adversario del Reino de España: el Real Madrid.

El choque contrapuso dos concepciones futbolísticas antagónicas. Aun cuando ambos elencos saltaron al campo con un dibujo táctico idéntico, exhibieron marcadas diferencias a la hora de ejercer la presión, interrumpir el trámite con infracciones, replegarse y proyectarse al frente.

Pese a la condición de favorito otorgada al bando culé, el trámite no daba muestras de decantarse hacia ningún lado, sosteniendo una paridad inflexible que desafiaba a cualquier pronóstico convencional.

Apenas transcurridos diez minutos de juego, José Mourinho abandonó el banquillo para increpar al colegiado Martínez Munuera. Aquella protesta vehemente constituye un hábito tan arraigado en el estratega lusitano como la histórica queja de un habitante urbano ante el atascamiento vehicular, la polución sonora y la densidad del aire. Consignar el episodio resulta menester, no sea cosa que algún observador desprevenido suponga que el paso del tiempo ha atenuado la vehemencia del adiestrador portugués.

En la retaguardia madridista, a Huijsen se le complicaba en reiteradas ocasiones el inicio del juego con el esférico a ras del piso; sin embargo, exhibía un desempeño superior al de Konaté en las restantes facetas del juego. Entretanto, Andriy Lunin, desde una sobriedad perseverante y lejos del foco mediático, se fue erigiendo gradualmente en ese bastión inexpugnable que ha salvado en múltiples oportunidades al equipo blanco, aun bajo la sombra tutelar de Thibaut Courtois.

El entramado defensivo constituido por Huijsen, Tchouaméni y Cucurella maniató a Lamine Yamal, reduciendo su capacidad de maniobra. Cada vez que el prometedor atacante intentaba desbordar por la franja lateral, quedaba apresado en un cerco físico implacable. Ante semejante dispositivo de contención, a Yamal no le quedó más remedio que recurrir al pase corto con sus compañeros para evitar la pérdida del balón durante el primer tramo de la contienda.

Por el bando visitante, Diomande se mostró incisivo por su banda, aunque le faltó serenidad en el pase final para generar un perjuicio mayúsculo. Kylian Mbappé, situado inicialmente como referente de área, se volcaba periódicamente hacia el costado opuesto para ocasionar mayor desequilibrio del que lograba aportar Arda Güler; el futbolista turco, dotado de buena técnica pero carente de una aceleración fulgurante, no conseguía inquietar al cerco compuesto por Gordon, Pedri y Cancelo.

Rodri, Cubarsí y Martín exhibían una marcada lentitud para encimar a Mbappé, déficit atlético que suplían con un sentido de la ubicación intachable. Por su parte, el juvenil Espart acusó el desgaste físico tras neutralizar a Kvaratskhelia y Lucas Hernández en el compromiso intersemanal; agobiado por un problema muscular, debió retirarse del campo, permitiendo el ingreso de Alejandro Balde por el lateral izquierdo y el posterior desplazamiento de Cancelo a la banda opuesta.

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Foto: AFP

Superada la primera media hora de juego, los guardametas casi no habían registrado intervenciones de relieve ni paradas de mérito que concitaran la aclamación de las tribunas. No obstante, instantes después, Gordon puso a prueba a Lunin con un remate de media distancia que el golero ucraniano rechazó con firmeza hacia el tiro de esquina, acción que no derivó en consecuencias para el marco visitante.

Para satisfacción de la afición, la paridad se rompió mediante la apertura del tanteador a favor de la visita. Diomande despachó un servicio defectuoso con el tres dedos buscando la llegada de Jude Bellingham; el zaguero Martín intentó rechazar el peligro, pero el balón rebotó de manera fortuita en Mbappé —quien atinó a cubrirse el rostro— y terminó impulsándose hacia el fondo de la valla custodiada por Joan García, decretando el 1-0 a los 41 minutos.

Dicha anotación encajaba a la perfección en el ideario de Mourinho, para quien el imperativo de la victoria prevalece por encima de cualquier consideración estética, ya sea en un clásico o en cualquier contienda oficial. El estratega lusitano no negocia el resultado, de modo que, afianzando la estructura defensiva, cosechó la recompensa necesaria para conducir a su plantilla a los vestuarios con la ventaja parcial.

En las gradas del feudo catalán la desazón era patente. La propuesta promovida por Hansi Flick, sustentada en la cantera de La Masía, la circulación fluida y las combinaciones elaboradas, quedaba reducida a la retórica de los simpatizantes locales previa al cotejo. Aquella noción del fútbol como expresión artística permanecía confinada en el plano ideal de sus partidarios más dogmáticos.

Entre los trazados tácticos dibujados sobre la hierba, el triángulo dispuesto por Tchouaméni, Silva y Bellingham neutralizó la dinámica de Fermín, Pedri y Rodri. El medio centro azulgrana resultó el más perjudicado, en tanto Bellingham utilizó su despliegue atlético para encimarlo, obstaculizar su panorama y maniatar su distribución, cumpliendo a cabalidad una encomienda decisiva para pesar de la parcialidad barcelonista.

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Foto: AFP

El silencioso camino a la victoria del Real Madrid

Al reanudarse las acciones, el Barcelona saltó al césped dispuesto a revertir la historia con renovado ímpetu. Las intervenciones de Gordon y Cancelo ganaron en trascendencia, si bien dicha mejoría no se reflejó de inmediato en el guarismo. Entre tanto, Tchouaméni fue amonestado con tarjeta amarilla, dejando al sector central madridista en una posición sumamente delicada.

Yamal comenzó a prevalecer en los mano a mano individuales frente a Cucurella, aunque sin alterar el electrónico. En contraposición, el Real Madrid encontraba vía libre para contragolpear. Una de esas transiciones fue comandada por Bellingham, quien no consiguió eludir la marca de Martín en un mano a mano decisivo; de haber cedido la pelota a Mbappé, el segundo tanto albo habría sido inevitable, mas el volante británico confió en exceso en su potencia y terminó perdiendo una oportunidad inmejorable para sentenciar el pleito.

Pedri, de escasa gravitación hasta ese momento, ratificó que la falta de contundencia en estas instancias se paga con creces. A los 61 minutos sobrevino la paridad 1-1 por intermedio de Raphinha, tras una magistral habilitación del propio volante canario. El atacante brasileño sacó un remate rastrero y potente que se filtró entre las piernas de Bellingham para batir a Lunin, cuya elevada estatura le dificultó la estirada rasante.

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Foto: AFP

Frenkie de Jong ingresó en reemplazo de Fermín para otorgarle mayor fluidez a la gestación ofensiva, labor que hasta entonces recaía exclusivamente en la elaboración aislada de Pedri. Con esta variante, la escuadra culé sumó volumen de juego y acorraló progresivamente a su adversario, el cual mostraba un desgaste evidente en la generación de peligro.

Agazapado en labores de contención, el conjunto blanco cosechó severas críticas entre los espectadores neutrales y la parcialidad locataria, quienes presuponían que la ventaja del Barcelona resultaba inminente. No obstante, la carta determinante de la visita provino desde el banco de relevos con el ingreso de Eduardo Camavinga.

Una elaborada maniobra individual de Bellingham derivó en la proyección de Camavinga, quien aceleró en profundidad, eludió la marca de Cubarsí con un vistoso autopase y asistió a Mbappé para que este empujara la pelota sobre el segundo palo, estableciendo el 1-2 que enciende la definición del certamen. El marcador no sufrió posteriores modificaciones: el Barcelona (líder con 27 unidades) cedió dos invictos en el lapso de una semana, al tiempo que el Real Madrid (tercero con 24 puntos) acortó la distancia a tres unidades.

El Camp Nou se tiñó de blanco —el clásico recinto catalán a secas, sin aditivos comerciales—. La escuadra dirigida por Mourinho festejó un triunfo de hondo calado estratégico que repercute en las posiciones de LaLiga y satisface a su vasta parcialidad esparcida por todo el orbe.

Fuente original: elsalvador.com

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