
Remesas familiares impulsan crecimiento económico y dinamizan sector inmobiliario en El Salvador
Las remesas familiares alcanzaron un récord en 2025, representando 27.3% del PIB y contribuyendo al crecimiento económico y auge inmobiliario en El Salvador, aunque el déficit comercial sigue siendo un desafío.
El dinamismo económico de El Salvador en 2025 estuvo fuertemente impulsado por el notable crecimiento de las remesas familiares, que alcanzaron un incremento anual del 17.8%, situándose en casi 10,000 millones de dólares y representando por primera vez en la historia del país el 27.3% del Producto Interno Bruto (PIB). Este fenómeno, que se ha mantenido constante con un crecimiento promedio del 24.1% en los tres años previos (2022-2024),confirma la importancia crucial que tienen los envíos de dinero desde el extranjero para la economía salvadoreña.
Impacto de las remesas en la economía nacional
La cifra récord de $9,988 millones recibidos en 2025 contribuyó a robustecer el sistema financiero local, con un crecimiento del 16.8% en los depósitos bancarios, frente a un aumento más moderado del 6.5% en los préstamos. Esta diferencia generó un superávit histórico de $3,078 millones en la balanza entre depósitos y créditos a finales de ese año, fortaleciendo las reservas internacionales netas del país y mejorando la liquidez del sistema financiero.
Además, este flujo constante de recursos fue un motor fundamental para el auge del sector inmobiliario, que reportó un crecimiento destacado en construcción, empleo y ventas de materiales como cemento y grava. La demanda inmobiliaria, en gran parte impulsada por salvadoreños residentes en el extranjero, representa aproximadamente el 60% de la compra de nuevas propiedades, lo que sostiene un inventario robusto de proyectos en construcción y planificación para 2026.
Comercio exterior y déficit comercial
En contraste con el auge de las remesas, las exportaciones de bienes tuvieron un crecimiento modesto de 1.9% en 2025, alcanzando $6,429 millones, mientras que las importaciones aumentaron a un ritmo mucho mayor, con un 12.9% y un total de $17,848 millones. Esta dinámica elevó el déficit comercial en un 20.3%, llegando a $11,419 millones.
El déficit comercial, aunque parcialmente compensado por las remesas, aumentó en términos netos de $1,013 millones en 2024 a $1,431 millones en 2025, un incremento del 41.3%. Esta situación plantea un desafío estructural para la sostenibilidad económica a mediano y largo plazo, dado que el país depende en gran medida de las remesas para equilibrar esta brecha.
Perspectivas para 2026 y retos estructurales
Las proyecciones para 2026 indican que las remesas seguirán creciendo, aunque a un ritmo más moderado que el 17.8% registrado en 2025. En enero de 2026, el crecimiento fue del 12.3%, similar al 12.7% observado en enero de 2025. Por otro lado, la balanza comercial mostró señales de mejora, con un crecimiento del 8.5% en las exportaciones y una reducción del 4.4% en las importaciones en el primer mes del año, lo que redujo la diferencia comercial a $799 millones para ese periodo.
El crecimiento económico en 2025 se estima en más del 3%, cifra que supera el promedio histórico de 2.2% registrado en décadas anteriores. Este avance se debe en gran parte a la influencia de las remesas en el consumo, la inversión inmobiliaria y la estabilidad financiera.
Sin embargo, el país enfrenta el reto de diversificar sus fuentes de crecimiento. La dependencia de las remesas y el déficit comercial insostenible resaltan la necesidad de atraer mayor inversión extranjera directa y promover inversiones locales en sectores industriales y de servicios orientados a la exportación. Estas medidas son esenciales para ampliar la matriz exportadora y sostener tasas de crecimiento más elevadas y estables en el futuro.
El papel de las inversiones productivas y los ahorros en el exterior
Una oportunidad clave para El Salvador radica en canalizar parte de los ahorros que los salvadoreños en el extranjero depositan en el sistema financiero hacia inversiones productivas dentro del país. Incentivar esta transición contribuiría a generar empleo, aumentar la producción nacional y reducir la vulnerabilidad ante fluctuaciones en los flujos de remesas.
En conclusión, las remesas familiares continúan siendo el motor principal de la economía salvadoreña, impulsando el crecimiento, fortaleciendo el sistema financiero y dinamizando el sector inmobiliario. No obstante, para lograr una economía más sostenible y menos dependiente de factores externos, es fundamental avanzar en la diversificación económica y en la inversión productiva que potencie la capacidad exportadora y reduzca los desequilibrios comerciales.
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