Salvadoreños que crecieron con el TPS temen ser expulsados de EE.UU.

Salvadoreños que crecieron con el TPS temen ser expulsados de EE.UU.

El fin del Estatus de Protección Temporal, TPS, dejará a más de 170,000 salvadoreños en Estados Unidos sin permiso de trabajo ni protección migratoria a partir del 9 de septiembre, según informa EFE. Entre ellos hay personas que llegaron siendo niños,...

3 septiembre 2026
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El fin del Estatus de Protección Temporal, TPS, dejará a más de 170,000 salvadoreños en Estados Unidos sin permiso de trabajo ni protección migratoria a partir del 9 de septiembre, según informa EFE. Entre ellos hay personas que llegaron siendo niños, crecieron en territorio estadounidense y ahora enfrentan la posibilidad de ser deportadas a El Salvador, un país del que algunos no conservan recuerdos.

“Prácticamente he estado toda mi vida en Estados Unidos: aquí crecí, fui a la escuela, compré mi casa, y estoy haciendo una carrera”, dijo a EFE Alma, una salvadoreña de 30 años que vive en Misuri y pidió reservar su apellido por temor a represalias.

Alma llegó a Estados Unidos cuando tenía apenas 18 meses y quedó amparada por el TPS desde 2001, cuando tenía cinco años.

“Yo crecí con el TPS”, resume.

Una vida construida en Estados Unidos

Alma asegura que no tiene recuerdos de El Salvador, pero sí conserva imágenes de los trámites migratorios que marcaron su infancia.

Fotografía de archivo de inmigrantes centroamericanos en una manifestación por el TPS de ciudadanos de Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador que viven en Estados Unidos, en Washington (EE.UU.).
Fotografía de archivo de inmigrantes centroamericanos en una manifestación por el TPS de ciudadanos de Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador que viven en Estados Unidos, en Washington (EE.UU.). EFE/ Alejandra Arredondo

“Una vez los oficiales de inmigración me subieron en una silla para tomarme las huellas, yo pensaba que era un juego. Ahora de adulta sé que eran los datos biométricos”, recuerda.

La salvadoreña sostiene que su identidad y su vida se han construido en Estados Unidos.

“Crecí con una vida estadounidense, con valores estadounidenses, ¿por qué nos quieren sacar?”, se pregunta.

Y añade: “De niña yo no tuve la posibilidad de elegir dónde hacer mi vida”.

El Gobierno del presidente Donald Trump ha terminado con el TPS de varios países, entre ellos Haití, Venezuela y Afganistán.

En el caso de El Salvador, la protección expirará el 9 de septiembre para unos 170,000 inmigrantes, de acuerdo con datos de The National Immigration Forum.

El fin del TPS también golpea a los lugares de trabajo

Alma trabaja en una empresa de Misuri, donde ha alcanzado el puesto de supervisora.

Cuenta que la compañía se prepara para perder a varios empleados protegidos por el TPS, algunos de los cuales trabajan allí desde 2001.

“Duele ver cómo la vida va a seguir fluyendo y serán reemplazados, cuando los afectados nos vamos sin nada”, expresa.

Para ella y sus compañeros, la incertidumbre también tiene una dimensión política.

Viven en un estado republicano donde varios congresistas apoyan el fin del TPS y consideran que los beneficiarios deben regresar a sus países de origen.

“Cuando la gente me dice ‘regresa’ a El Salvador, para mí no es regresar a una vida porque no viví allí. Pensar en eso es muy fuerte”, afirma.

Vivir durante décadas con un estatus temporal

José Palma, coordinador de la Alianza TPS, comparte esa sensación de incertidumbre.

La organización fue creada en 2017 para defender esta protección y agrupa a entidades proinmigrantes que buscan una ley que permita a los beneficiarios acceder a la residencia permanente.

Palma, de 48 años y padre de cuatro ciudadanos estadounidenses, explicó a EFE que ha tenido que frenar proyectos personales ante la posibilidad de quedarse sin permiso de trabajo.

También ha reducido gastos para ahorrar de cara al fin del TPS.

“Lo habríamos solicitado hace mucho tiempo. ¿Quién quiere vivir sin saber qué pasará con su futuro?”, cuestiona.

Tanto Palma como Alma coinciden en que, después de más de dos décadas bajo este estatus, no han recibido una vía permanente para regularizar su situación.

La esperanza de poder quedarse

Alma cuenta que su madre murió esperando encontrar un camino hacia la residencia legal.

Ella mantiene esa misma expectativa.

Su caso refleja la situación de miles de salvadoreños que llegaron a Estados Unidos siendo niños, formaron familias, compraron viviendas, estudiaron y desarrollaron carreras profesionales bajo una protección que siempre fue temporal.

Ahora, a pocos días de que expire el TPS, el futuro de más de 170,000 salvadoreños vuelve a quedar marcado por la incertidumbre.

Para quienes, como Alma, prácticamente no conocen otro país, el vencimiento del programa no significa simplemente regresar a su lugar de origen, sino dejar atrás la vida que han construido durante casi toda su existencia.

Fuente original: elsalvador.com

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