
Vendedores ambulantes enfrentan desalojos y restricciones en el Centro Histórico de San Salvador
Los vendedores ambulantes del Centro Histórico de San Salvador enfrentan desalojos y restricciones que afectan sus ingresos y obligan a modificar sus métodos de trabajo.
Durante una soleada mañana de Sábado de Gloria en el Centro Histórico de San Salvador, el ambiente era una mezcla de turistas disfrutando las calles remodeladas y vendedores ambulantes que, en contraste, se movían con cautela entre las multitudes. Mientras los visitantes tomaban fotografías y consumían en los nuevos locales comerciales, los vendedores itinerantes avanzaban con sus mercancías en mano atentos a cualquier señal del Cuerpo de Agentes Municipales (CAM),quienes mantienen una estricta vigilancia que impide a estos comerciantes permanecer en un punto fijo.
Esta dinámica ha transformado la forma habitual de trabajo de los vendedores ambulantes, quienes ahora se ven obligados a desplazarse constantemente para evitar ser desalojados. Una vendedora de 77 años, que depende de esta actividad para su subsistencia, expresó que la única opción es «andar así caminando y caminando», reflejando la incertidumbre que genera esta situación en su día a día.
Restricciones y desalojos: un impacto directo en los ingresos
Doña Gloria, una comerciante con casi treinta años de experiencia en la zona, relató que las restricciones implementadas por las autoridades han provocado que las ventas sean muy bajas. «Está bien mala la situación, no se vende nada y como los del CAM no nos dejan, nos mandan para los mercados y los mercados están solos también», comentó. Esta afirmación refleja una cadena de dependencia económica entre los comercios formales y los vendedores informales, ya que si los primeros no tienen ventas, los segundos tampoco generan ingresos, pues muchos de ellos comercializan productos a los negocios establecidos.
La presencia constante de los agentes municipales incide directamente en las ventas, según coinciden varios vendedores. Carmen, una comerciante de 66 años, señaló que la vigilancia del CAM obliga a estar en alerta permanente para evitar que les retiren la mercancía. «Tengo que salir corriendo al ver que viene porque nos quitan la venta», mencionó mientras observaba nerviosa a ambos lados de la calle. Carmen además denunció que durante el Jueves Santo varios vendedores fueron desalojados y su mercadería confiscada, lo que afecta no solo su ingreso diario sino también su estabilidad económica, dado que debe cubrir gastos como agua, luz, alimentación, vestuario y medicinas.
Esperas prolongadas para reubicación formal
Los desalojos no solo generan pérdidas momentáneas, sino que también prolongan la espera para obtener un espacio formal donde puedan trabajar. Carmen perdió su puesto tras los desalojos en la 5a avenida Sur realizados en marzo de 2025 y todavía permanece en espera de ser reubicada. Otro caso similar es el de Samuel, un vendedor que perdió su lugar hace aproximadamente dos años y medio y que aún espera ser asignado a un puesto en mercados como San Miguelito o Hula Hula. «Me dijeron que me iban a dar un puesto, pero sigo en espera todavía, en junio cumplo tres años», afirmó.
Limitaciones geográficas y adaptación a nuevas condiciones
A pesar de que durante las fechas festivas como Semana Santa aumenta la afluencia de personas en el Centro Histórico, los vendedores ambulantes no perciben un incremento proporcional en sus ventas. Uno de ellos comentó que «hay bastante afluencia más que en otros días», pero aclaró que las restricciones que les impiden ubicarse cerca de las zonas de mayor tránsito afectan significativamente sus ingresos.
Actualmente, las disposiciones municipales establecen un perímetro de exclusión que obliga a los vendedores a mantenerse alejados de puntos clave del Centro Histórico. Este rango permitido se extiende hasta ocho cuadras alrededor de las áreas más concurridas. Algunos vendedores, ante la poca presencia del CAM en ciertos momentos, aprovechan para colocarse cerca de esas zonas, pero deben hacerlo con precaución para evitar ser desalojados.
Un panorama incierto para los vendedores ambulantes
Mientras las calles principales del Centro Histórico permanecen llenas de visitantes, los vendedores ambulantes continúan recorriendo la zona sin un lugar fijo, adaptándose a las restricciones y a una dinámica de ventas que se ha vuelto cada vez más incierta. La imposibilidad de establecerse de manera estable limita sus oportunidades de incrementar sus ingresos y pone en riesgo la subsistencia de muchas familias que dependen de esta actividad.
En este contexto, los comerciantes ambulantes enfrentan un doble desafío: cumplir con las normativas y al mismo tiempo mantener su fuente de ingresos. La situación plantea la necesidad de buscar soluciones que permitan un equilibrio entre el orden público y el sustento económico de quienes forman parte de la economía informal en el corazón de San Salvador.
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