¿Víctor Montagliani, como presidente de la FIFA?
Suena Víctor Montagliani, presidente de Concacaf, para relevar a Gianni Infantino en la mismísima FIFA ¿Cómo puede ser esto posible? Vamos a sus antecedentes
El dirigente canadiense tomó las riendas de la Concacaf en la anualidad de 2016, investido con la encomienda de sanear un organismo sumido en gravísimos escándalos de corrupción.
Una década más tarde, emerge como uno de los nombres con mayor fortaleza para desafiar la continuidad de Gianni Infantino al frente de la FIFA; empero, su conducción en el ámbito regional arrastra un legajo saturado de determinaciones bajo sospecha: desde una mutación en los esquemas competitivos que la afición centroamericana interpretó cual un favoritismo hacia su patria natal, hasta una cuantiosa retribución económica que durante el presente curso provocó harto estruendo en la prensa internacional.
Cuando Montagliani accedió al sillón institucional en mayo de 2016, sus tres antecesores inmediatos se hallaban encausados por maniobras de defraudación en el marco de la investigación conocida como FIFA Gate.
Su plataforma programática, bautizada «One Concacaf», empeñaba la palabra en transformar la gobernanza del ente, difundir públicamente la información financiera y restituir el crédito a un estamento fuertemente vilipendiado.
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En dicha dirección, la evaluación formal arroja un saldo favorable: capitaneó la postulación que atrajo el certamen mundialista de 2026 hacia esta franja geográfica y promovió un plexo de reformas que incorporó estados de cuenta al alcance de la ciudadanía junto a la suma de consejeros independientes en la cúpula ejecutiva.
Sin embargo, ese idéntico lapso albergó sucesos que sus detractores esgrimen para poner en entredicho la veracidad sustancial de aquella mentada cristalinidad.
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La reestructuración del trayecto clasificatorio y los recelos hacia la escuadra canadiense
El pasaje más grabado en el recuerdo aconteció en el ciclo 2020. Previo a la eclosión de la crisis sanitaria, el itinerario de clasificación rumbo a Catar 2022 estipulaba un Hexagonal definitivo compuesto por seis representativos, encontrándose la escuadra de Canadá en plena pugna por la última vacante frente a la selección de El Salvador.
Cuando la emergencia biológica constriñó a reorganizar el almanaque de cotejos, la Concacaf ensanchó aquel grupo decisivo a ocho contendientes, instaurando el denominado Octagonal.
Cinco combinados —México, Estados Unidos, Costa Rica, Jamaica y Honduras— sellaron su boleto directo con arreglo a su figuración en el escalafón, al tiempo que el resto de los países de la zona pugnó por los tres pasajes remanentes, los cuales terminaron en manos de Canadá, El Salvador y Panamá.
El público y los cronistas salvadoreños endilgaron a Montagliani la autoría intelectual de dicha modificación con la finalidad de introducir de contrabando a su representativo patrio.
El propio jerarca replicó alegando que el ajuste obedecía a criterios algebraicos y no a conveniencias políticas: con anterioridad, únicamente cinco naciones disponían de una plaza garantizada en la etapa cumbre, mientras que la nueva fórmula otorgaba un horizonte real a treinta contendientes más.
Lo cierto es que la escuadra canadiense careció de un privilegio asegurado —debiendo conquistar su lugar sobre el césped al igual que los demás—, aunque concluyó en la cúspide de la tabla, escoltada por México y Estados Unidos, desenlace que avivó las suspicacias entre quienes desconfiaban de la reforma.
Tres millones de divisas por un compromiso de cinco horas semanales
En el transcurso de enero de 2026, una rendición tributaria presentada ante los organismos impositivos estadounidenses sacó a la luz que Montagliani percibió más de tres millones de dólares durante la anualidad de 2024 —contabilizando estipendios extraordinarios e incentivos—, a pesar de que la Concacaf declara oficialmente que su cometido exige tan solo cinco horas de labor por semana.
Figuraba, con holgada diferencia, como el directivo mejor remunerado de la institución, aventajando inclusive al secretario general, Philippe Moggio.
Un académico versado en derecho fiscal consultado por los medios cuestionó si aquella carga horaria reflejaba la realidad o constituía simplemente un casillero completado por inercia administrativa en el formulario.
Trascendió asimismo que la planilla no lució la rúbrica del propio Montagliani ni fue distribuida entre los vocales del consejo directivo para su fiscalización, un dato que impacta de lleno en la columna vertebral del discurso de cristalinidad con que la entidad procura distanciarse de su pasado deshonesto.
La paradoja estriba en que dicho monto cobró luz pública precisamente porque el propio dirigente promovió, en 2016, la obligación de publicar las asignaciones económicas de la cúpula directiva.
Una conducta que arrastra antecedentes en la gestión previa
Nutrida parte de las dudas respecto a su criterio de conducción no brotan en la Concacaf, sino en su tránsito previo por la federación canadiense de balompié.
En 2008, revistiendo la calidad de directivo en Canada Soccer, Montagliani ejercía sus funciones cuando el adiestrador Bob Birarda fue cesado en el más estricto sigilo del representativo femenino sub-20 tras denuncias por conductas inapropiadas, sin que se le revocara la acreditación correspondiente: escasos meses más tarde, se hallaba nuevamente al frente de la instrucción de niñas en clubes de Vancouver.
En 2021, un colectivo de antiguas atletas demandó públicamente su suspensión de las responsabilidades en la Concacaf y la FIFA mientras se instruía la indagatoria del caso, debiendo prestar testimonio en 2023 ante el Parlamento canadiense.
A dicha peripecia se adiciona el convenio que Canada Soccer suscribió en 2018 con la firma comercial Canadian Soccer Business, pactado bajo su mandato, mediante el cual se cedieron a un tercero los derechos de emisión televisiva y patrocinio de la selección a cambio de un canon anual fijo.
Un trabajo de investigación periodística difundido en enero de 2025 reveló que el instrumento jurídico jamás cobró carácter público y que emergieron aprensiones internas acerca del manejo de tales recursos. A juicio de sus objetores, ambos pasajes evidencian una idéntica impronta: determinaciones adoptadas al abrigo de la opacidad cuyas derivaciones terminan siendo sufragadas por ajenos.
La paradoja final en la víspera de la contienda orbital
En la actualidad, mientras Montagliani asoma como el aspirante con mejor perfil para disputarle la conducción de la FIFA a Gianni Infantino en la contienda de 2027, el estamento regional que encabeza acaba de desestimar en bloque un proyecto de Infantino destinado a enajenar participación privada en el Mundial, aduciendo carencia de claridad.
La ironía no pasó inadvertida para los observadores: en el idéntico mes en que demanda cuentas claras a la cúpula orbital, su propia administración financiera ha quedado expuesta bajo la lupa de la sospecha.
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